Respétame

Los textos que leerás aquí, son creación mía. Por favor, respeta mi trabajo y no copies. Gracias :)
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4 de septiembre de 2009

Abandono - La Chica de la Cafetería

- ¿Me estás tomando el pelo?- Jamás vio tan enervado a su jefe. Atractivo cuarentón con la piel más cuidada que su elegante traje de chaqueta. Pero ahora, su tensa mueca y su ceja izquierda alzada, inspiraban algo que temer.

- No creo que haya sido jamás propensa a las bromas. Te hablo muy en serio, Paul. Dejo este trabajo.

- Señor Smith, si no te importa.- ¿Desde cuándo? ¿Dónde habían quedado ahora aquellos coqueteos unidos a la insinuante fras de: Llámame Paul?

>>Sophie torció el gesto dejando escapar para sí una sonrisita. Recordó vagamente el verano pasado, y la casita perdida entre las montañas de Andorra. Había sido tan estúpida de pensar que su jefe se había enamorado de ella. Y perdió exactamente casi un año de su vida, pasando el día a día en la mentira más bien entrelazada en la que había caído. 'Un polvo' Pensó con desprecio. 'Tantas atenciones para simplemente poder echar un polvo con la rubia tonta de su empleada.' Y, aquella sonrisita pasó a ser una mirada de odio.

- Dimito, Señor Smith. Y, no hay más que hablar. Estoy en mi pleno derecho, ¿No? Encontraréis sin problemas a cualquier niñata joven y sexy a la que poder tiraros. Pero, dudo que llegue a ser ni la mitad de buena arquitecta que yo.

- Eres estúpida.- Gruñó Paul, haciendo un notable esfuerzo por no abofetearla víctima de la humillación y la derrota.- Vas a tirar por el balcón tu formación, tu empleo y tu sueldo. Y, ¿A qué te dedicarás ahora?- Bromeó.- ¿Camarera?

4 de agosto de 2009

Sophie - La Chica de la Cafetería

Hacía tiempo que Sophie no probaba la cama de nadie. Y se deshacían sus dedos con la idea de poder aliviar esa molesta sensación entre sus piernas.El trabajo se le había vuelto monótono y hasta sencillo, las tiendas se le quedaban pequeñas y le sobraba tarjeta de crédito por todas partes.Se sentía sola... Tremendamente sola.Sobre todo cada noche tras ver aquella telenovela en la que maravillosamente todos acababan besándose con todos tan apasionadamente que le daban ganas de lanzar su carísimo zapato de Giorgio Armani contra la pantalla.Había olvidado lo que era una caricia, su tez de porcelana fina era como una insensible capa de hielo, y sus interminables curvas estaban cansadas de que la violaran miradas de compañeros babosos.Desde hacía tiempo, Sophie anhelaba poder dormir abrazada entre unos brazos acogedores. Y aunque sonara cursi, poder cambiar esas telenovelas estúpidas por románticas películas americanas que ver con alguien.Pero lo cierto es que no había nadie.Nadie al menos... que le hubiera prestado atención.

12 de mayo de 2009

Una Mañana Cualquiera - La Chica de la Cafetería

Se le encoje el flequillo por la lluvia y eso le molesta, lo sé. Puedo deducirlo por la mueca de su boca al intentar arreglárselo con la mano. Y así mojado, en vez de rubia parece más cobriza... Pero sigue siendo hermosa.Aparece siempre puntual pasados diez minutos de las nueve y pide su café con moca de todas las mañanas. Lleva bolsas de distintas tiendas y un gran bolso negro del que me pregunto muchas veces el contenido. Es sofisticada. Y mírame a mí, con mi anticuada chaqueta marrón desabrochada y los primeros vaqueros que consigo encontrar limpios en el desorden de mi armario.Nunca la he visto sonreir. Podríamos tener mil cosas en común y yo sólo he encontrado una diferencia: Que siempre que entra por la puerta de la cafetería, está seria. Y yo sonrío como un idiota.
Me gustaría que todo esto acabara con un final como el de las novelas que escribo, donde saco el valor necesario para invitarla a su siguiente café con moca. Pero me sorprendo cada mañana aquí en esta misma silla escribiendo las mismas patéticas líneas sobre lo mucho que me gustaría saber más sobre ella.
Un día podría dejar de frecuentar este sitio, un día podría aparecer agarrada de la mano con alguien que no soy yo. Y espero que antes de la llegada de ese momento, nuestras miradas ya se hayan cruzado. En vez de pedir algo para llevar, se sentará a mi lado y juro que aprovecharé esa oportunidad. Con cualquier estúpida excusa conseguiré que centre su atención en mí y no pueda dejar de mirarme. Cada mañana se dará cuenta de que estoy aquí y se repetirá lo mismo, hasta llegado el día en el que la llevaré a dar una vuelta por el parque y pasemos a compartir algo más que unos minutos en común dentro de una cafetería.
Algún día todo eso saldrá de mi mente para formar parte de mi realidad. Y hasta entonces... Mírala. Acaba de entrar por la puerta