Respétame

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16 de agosto de 2009

Volver a París

Amaba París, por encima de todas las cosas. No había un rincón del día en el que no mandara sus pensamientos hacia allí. Aunque lo que Violet realmente extrañaba, era lo que había dejado entre aquellas calles...Jean siempre le había parecido demasiado joven para ella, hasta el punto de sentir aquél impulso maternal que le obligaba a velar por aquella criatura. Siempre, hasta aquella noche en la que se despidió de la ciudad entre sus brazos. Fue la última cena del grupo de viaje con el que había pasado las dos últimas semanas y, ese apuesto parisino la invitó a la última copa en el lujoso batobus que cruzaba el Sena aquella noche. Puede que las atractivas luces de la Tour Eiffel hicieran más hipnóticos sus ojos verdes, o que el champaigne francés se estuviera cobrando su precio en el delicado cuerpo de Violet... Realmente no lo sabía, no hasta que despertó a la mañana siguiente enredada entre sábanas y los brazos de Jean.No se arrepintió. No, extrañamente.Incluso un desesperado intento de bajar del avión esa misma tarde para comprar más champaigne, le asaltó durante unos instantes.
París la había embrujado, sí. Y la amaba por encima de todas las cosas.

12 de mayo de 2009

Seis en punto

No soy únicamente la chica que se sienta aquí a leer un libro a las seis de la tarde. Soy más que eso, más que una cara oculta entre las palabras de otro. Soy quien espera, soy quien te espera aunque no lo sepas. ¿Sabes quién soy? La asesina de margaritas más temida a este lado del parque, y la más conocida en el puesto de helados al otro lado de la calle. Soy la residente por derecho de antigüedad de este banco, la primera y la última en recibir en la piel el calor del Sol esas mañanas de domingo. Soy quien extraña esta soledad en el borde de mi cama y quien juguetea de los nervios con los dedos al verte pasar.
Llevo más de año y medio leyendo este libro y no voy ni por la mitad, ¿sabes por qué? Porque soy quien se distrae con cada detalle que trae el viento y quien utiliza estas páginas como excusa para no permanecer aquí con las manos vacías.
Soy el centro de las miradas cuando camino descalza sobre la hierba y la mujer invisible cuando paseo con mi cuaderno por la ciudad. Inevitablemente soy esos ojos verdes que te buscan inquietos y esa mente distraída que te encuentra en cada dulce fantasía.
No soy únicamente la chica que se sienta aquí a leer un libro a las seis de la tarde, porque soy más de lo que podrías saber y menos de lo que ya conoces. Soy tu desconocida y, posiblemente, alguien que aún no existe en tu mundo. Pero podrías saber todo esto... Podrías... Sí, claro... ¡Y también podría acabarme este libro! ¿No?

Cuando Nos Enfadamos

¡Bésame, joder! Odio que nos cabreemos, pero me encanta agarrarte por el cuello de la camisa con mi cara de rabia y acercarte a mi de un tirón. Hace que el deseo supere a las ganas de matarte -o eso es lo que quiero pensar antes de que algún día cometa una locura- ¿Por qué estábamos discutiendo? Ya ni me acuerdo.. Seguramente por alguna gilipollez como siempre: Has llegado tarde, te ha molestado algún comentario que he hecho, has pasado de mí por ir con tus colegas... Aunque ya da lo mismo, porque después de un par de gritos y las típicas amenazas de acabar con todo, me estás agarrando por la cintura mientras tu otra mano desciende brúscamente por mi espalda.Ahora viene cuando me empujas sobre la cama y te das la vuelta como queriendo huir de lo evidente. Pero no ¡No vas a dejarme así! Y te agarro por los pantalones, te giras, te echas sobre mí -agradeciendo que yo de el paso que tú no querías dar- Me dices que es siempre lo mismo -y lo sé-. Que me deseas, que te provoco y no puedes decirme que no, que me amas, que soy tu perdición.Arrancas mi blusa y haces que se suelten varios botones y, antes de todo eso tu ya ibas sin pantalones. Nos desnudamos por completo. La escena parece más de una pelea que de un momento de pasión, pero es lo que nos toca después de una discusión.¡Por fin! Me besas, y desatas todas mis ganas salvajes de hacerte el amor. Te araño la espalda con fuerza -puede que un poco también por el rencor del cabreo-. Nos hundimos entre las sábanas, sudamos, ¡Chillo! Y mis gemidos hacen que me apretes más fuerte contra tu pecho. Tus caricias activan zonas inombrables de mi cuerpo. Cierro los ojos con fuerza y tú respiras agotado en mi oreja, pero queremos más ¡Más! Me estremezco, ¡Te derrites de placer!Y... ¿Para cuándo la siguiente discusión?